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Elogio de las redes y de la multiplicidad de voces



Hoy tengo ganas de hablar de nosotrxs, lxs que hacemos este blog. Ya van tres acciones concretas que hacemos como grupo fuera de la Calle de la Luna. La primera acción fue en el homenaje a Dardo Dorronzoro, donde leímos poemas del autor desaparecido. La segunda fue cuando nos presentamos como grupo en el centro cultural Artigas, en el espacio que se da todo los meses y que se llama Liturgia. Y hoy fuimos a la Radio de la Casa a comunicar nuestras ganas de seguir haciendo. Sin embargo, como esta sección del blog es "Y no pidan que lo argumente" y es donde tratamos de hablar de otros autores, también voy a hablar de un autor teórico que me gusta mucho: Michel Serres.
Este autor, en su texto más reciente: PULGARCITA, escribe lo siguiente: "El caos no murmura sólo en las escuelas o en los hospitales, no emana tan sólo de los Pulgarcitos en clase o de los sollozos en paciente espera, sino que ahora llena todo el espacio. Los mismos profesores charlan cuando el director les habla; los internos conversan mientras oyen la perorata del patrón; los gendarmes hablan cuando el general da órdenes; reunidos en la plaza del mercado, los ciudadanos hacen ruido cuando el intendente, diputado o ministro arroja sobre las cabezas su lenguaje convencional. Citen, dice Pulgarcita, irónica, una sola asamblea de adultos de la que no emane, divertido, un barullo semejante.
Saturados de música de fondo, el bullicio de los medios y el griterío comercial ensordecen y adormecen, de ruido lamentable y de drogas calculadas, esas voces reales, más las voces virtuales de los blogs y las redes sociales, cuya cifra incalculable alcanza totales comparables a la población del planeta. Por primera vez en la historia, se puede oír la voz de todos."
Y eso es algo de lo que nos encargamos nosotrxs lxs que hacemos este blog: multiplicar las voces. Si hacemos este blog es para que vos te des cuenta que también podés armar tu grupo, tu banda, tu cofradía, tu lo que quieras y rearticularlo en la web, meterte en el tumulto de los discursos y ser uno más que boga en el medio del murmullo generalizado. Somos menos que sombras pero tenemos un cuerpo que late detrás del teclado y quiere decir, siendo mínimos, imperceptibles, pero en definitiva, decir lo que se nos cante.
Ser imperceptible no es algo malo. ¿Quién puede ser un gran autor hoy en día? ¿Quién puede ser un gran héroe? Hay que abrirse a los empujones en el subte como hay que abrirse a empujones entre los discursos y siempre teniendo conciencia del valor de decir, por cualquier medio, como sea, lo que uno tenga ganas de decir. 
Ya bastante las instituciones están horadadas. ¿En qué creeremos? ¿En los militares, en la iglesia, en los colegios, en las intendencias? Lo mejor es creer en una comunidad invisible pero persistente, que se abre paso a partir de la creatividad comunitaria. Es decir, esto es un elogio de Michel Serres pero también es un elogio de la multiplicidad de voces. ¡Abajo el Ego del autor! ¡Abajo el traumatizante "deber ser" del escritor! ¡Arriba la creatividad! ¡Seamos hormigas surfeando libidinalmente en este mar de voces! ¡Produzcamos más escritores, más lectores, más personas que vivan la vida! Porque para saber que la piedra es piedra, para eso sirve el arte.

Sobre la Maga, Cortázar y el amor.



Realmento no me pidan que argumente porque quiero publicar este texto, léanlo y van a entender.
Al igual que a la persona que lo subió al blog de dónde yo lo tomé, me conmovió. 
Reflexiones a partir del personaje de Julio, empatías, semejanzas.  
¿Qué nos pasaría si pudieramos descubrir para quién fuimos la Maga? 
¿Nos animariamos a decirnos quién fue nuestra Maga?
Un amor a fuego lento, torturado, intenso, vertebrador, orgánico.
Ese que està ahi...pulsando desde el fondo.

Ahhh, si no lo entienden puede ser que no se hayan acercado nunca a Rayuela, a Julio, o al amor.




¿QUIÉN NO QUIERE SER LA MAGA?

Publicado el Jueves, 18 de Enero de 2007 11:54 a.m.

Este texto lo encontré perdido por ahí..., no conozco la autora, pero quien haya sido que lo escribió (su nombre está al pie del post) no pudo haber escrito algo mejor sobre lo que es este personaje.

La idea es que lo lean..., de todas formas, es demasiado lindo el texto y no podía faltar acá.

**********



Todos queremos ser La Maga



¿Quien no se ha internado alguna vez en el mundo Maga? Ese mundo lleno de colores pasteles y aroma a café y tabaco, donde la mirada cómplice de esta mujer tan especial nos ha llevado por esos caminitos de Francia. Si alguien contesta que no, le recomiendo con toda las ansias de estos ojos lectores, que se metan en el Mundo Maga, en el Mundo Rayuela, en el Mundo Cortázar, y que se unten de esa magia inconcebible?



Y

La Maga se esconde, huidiza, espiando por la vidriera. Uno la busca con descaro, siempre simulando no estar esperando encontrar nada, a nadie. La Maga lo sabe, se divierte. La Maga es esa pequeña mujer de polleras gitanas, quizás, ojos de calidoscopio, sonrisa gatuna. Corazón distante, galopante, sincero, bruto. Nadie sabe porque la busca, esa necesidad de inocencia, quizás una simple simpleza. Nadie sabe nadie espera. Todos nos quedamos con un resquicio de ella luego de despegar los ojos de las páginas de Rayuela.

Quien no ha intentado encontrarla, a la vuelta de la esquina. Quien no ha pasado un buen rato intentando saber que habrá sido de su vida. Quien no se pregunto de donde saco fuerzas para partir de esa manera, luego de que Rocamadour se hundió en una muerte silenciosa.

Pero, ¿quien soy yo, al fin de cuentas, para ponerme a hablar de ella?, ¿Qué descarado derecho tengo? No lo se, pero debo decir, la busco, y a veces puedo encontrarla.



La Maga vive, más allá de Rayuela. Cuantas veces, rodeada de esos fanáticos que no paraban de saltar de la tierra al cielo, me he tropezado con ella en palabras ajenas. ?Yo soy La Maga! Y vos sos Talita? me decía una amiga.

En esos tiempos, alguien me había bautizado bajo el personaje de Atalía, era digamos, mi nueva identidad. Nunca me habían explicado porque, nunca supe que había de mi en ella, por lo cual tuve que sumergirme en Rayuela, ese libro que, tantas (TANTAS) veces quise leer, pero quien sabe, por una u otra elección azarosa a la hora de comprar libros, nunca lo había leído.

Una vez bañada en esos mares cortazianos, pude entender, digamos, algo. Pero sin embargo, me preguntaba porque no podía ser La Maga. Me encontraba en sus pasos, en esa manera consentida de ver la vida. Me hallaba parada en el medio de la calle, al igual que ella, para mirar desde el medio de la calle una vista del Panteón a lo lejos, siempre mucho mejor que la vista que se tenía desde la vereda. Eran simplezas, vulgaridades, eran La Maga. Era Paris, tal vez. Era ella, quería ser yo. Pero de repente no era la única, muchas querían ser La Maga. No solo era yo, había algo mas, algo que nos atrapaba, pero ¿Qué era? Comencé a preocuparme.

Y ahí lo descubrí, o presumí entenderlo. No era simplemente La Maga, otro eslabón se sumaba a esa cadena interminable de deseos y coincidencias: Oliveira. Abrí los ojos, y descubrí que ella era a través de los ojos de Oliveira. Claro! Como no me di cuenta antes! Todas queríamos ser La Maga de Oliveira, todas queríamos ese amor enfermizo, desdeñable y hasta descartadle. Ese amor que te consume, que te da como te quita las ganas de vivir. Todas queríamos quedar clavadas y sangrar en algún corazón, luego de nuestra partida irrevocable.

Oh, resulto ser que todo se trataba del amor. Todo se reducía a vislumbrar ese camino en el cual se pasa de ser un estorbo inquieto en la vida de alguien, a ser ese gran amor que se perdió y no se deja de buscar en una vida entera. Todas queríamos ser la espina enterrada en la uña de algún Oliveira. Allí entendí, finalmente.



La Maga, con sus errores, con su ignorancia a cuestas, con esa manera desdeñable y desordenada de vivir la vida, con su inocencia y despilfarro, se había convertido en la espina en la uña de cada una de esas mujeres que deseaban que alguien las amara así de fuerte.

Pero de allí, aclarado el tema, surgieron mas cuestiones: ¿Que hombre se animaría a tener una Maga en su vida? ¿Son acaso esos amores que se buscan pero jamás se encuentran? ¿Cuántas veces hemos quedado en algún corazón dañado y no nos hemos enterado?

Mientras, es posible seguir encontrándola. Por esos azares de la vida, la persona que me llamo Talita, aquel amor que me presto Rayuela, no existe mas en este, mi corazón. Por esas casualidades que jamás llegaremos a entender, el libro se partió a la mitad, y al pelearnos, sin querer, cada uno se quedo con una mitad del libro. Aun puedo encontrar a La Maga en esa mitad, inconclusa, que llega hasta el capitulo 22. Quien sabe, quizás, yo soy esa Maga, clavada en su uña. Como saberlo. Acaso, todos tenemos ese amor clavado aquí. Deberíamos conformarnos con que, todos los Oliveira, tienen a alguna Maga que no pueden olvidar. Y, tal vez, a veces podríamos ser ella, sin enterarnos.

Nuria Fleita Zain

Reunión (modelo para armar 2013)


Sobre Inland Empire de David Lynch


Tres hombres acribillan al acróbata demente. Lo dijeron ayer los diarios, salió hasta en la Capital. Un acróbata demente muerto por no ser santo inquisidor de la politización absurda. La ley espera dar su veredicto pero, tan atados a las leyes andan, que la soga es imposible no cortarse. Parece que los diarios encontraron vestigios del acróbata muerto, gritó que no se organizaran en la fiesta del plan quinquenal. Mientras los quinientos hombres convertían sus dedos en cajetas abiertas o hacían un fist fucking al aire. “La revolución será alegórica o no será” dijo David Lynch filmando Inland Empire. Ustedes succionarán sangre joven y dejarán que los triceps se vuelvan débiles. Ustedes, los que nada entienden de encarnar el virus, de vivir con la alita rota - la de Lemebel- llaman revolución a cualquier cosa. El acróbata demente fue cortajeado y ahora el futuro ya fue y llegó hace rato (y pasó y volvió a pasar tantas veces....). El cuenco de agua que este actor tenía en su casa si se quiere vaciar, se llena de nuevo. Tiempo espiral es el que nos depara en una sobreactuación de gestualidades que parecen razonables pero que para uno parece tan lejano. El pasado revival. “Nikki, una actriz casada, recibe una oferta para trabajar en una película, la cual sera dirigida por Kingsley. En ella tendrá como partenaire a Devon, con el que tendrá una aventura. Durante el rodaje se creará un clima extraño y onírico, y los actores empezarán a llamarse por el nombre de sus personajes, Susan y Billy, y la confusión se apoderará de sus vidas.” Esto dice el diario hablando de la muerte del acróbata demente, pero siempre se trata de otra cosa. "Todo porque forma parte de la iglesia evangelista de los cantautores muertos" gritarán los ateos religiosos y quizás tienen razón.




La aguja que la venda descose

En la última reunión de La Calle de la Luna, surgió un pequeño debate alrededor de una invitación para leer en un homenaje a Dardo Dorronzoro, herrero, poeta y militante lujanense desaparecido por la última dictadura militar en Argentina. Nos preguntábamos si valorábamos a Dardo por sus opciones de vida o por su obra literaria. Coincidíamos en  que, en general es lo primero que da valor a lo segundo, pero que nos proponíamos leer su obra y revisarla en términos estéticos y literarios.  Ahora bien, la pregunta es la siguiente: ¿se puede disociar lo primero de lo segundo? Yo creo que no. Nunca. Jamás. Es imposible.
Como la vida, la literatura está llena de bellos caminos coincidentes y esta semana me topé con otro escritor y poeta que viene a reafirmar mi hipótesis: Camilo Blajaquis. Camilo en realidad se llama César González, nació en la villa Carlos Gardel y pasó varios años de su corta vida en institutos de menores con régimen cerrado y cárceles de adultos, luego de cumplida su mayoría de edad. Y aquí surge otra pregunta: ¿qué es lo que hace que hoy yo esté escribiendo sobre este pibe y no sobre los miles y miles que han pasado por estas despreciables instituciones cerradas? Es que, de éstos últimos hay interminables ensayos sociológicos, escritos sobre derechos humanos, declaraciones internacionales incorporadas a la Constitución Nacional y notas periodísticas. Pero Camilo es un poeta. En el 2010 editó su primer libro de poemas, que ya va por su tercera edición: La venganza del cordero atado en Ediciones Continente.
A pesar de mi resistencia a equiparar la idea de crecimiento con la de evolución, puede decirse que hay una evolución en la escritura de este poeta, desde sus primeros escritos en el Instituto Agote hasta su salida en libertad condicional, donde culmina el libro. Y esta génesis está vinculada al caudal de libros que Camilo ha podido leer en sus años de encierro, su acercamiento a poetas, novelistas, filósofos existencialistas y tantos otros, que seguramente a mí, simple lectoescritora aficionada, me demorará muchos años poder conocer. Camilo es ante todo un lector, un exquisito lector tumbero. ¿Y por qué esta última adjetivación?  Por lo mismo del principio, porque la obra de este poeta, es indisociable de su realidad de pibe nacido en una villa, perseguido por la policía aún antes de cometer cualquier delito, juzgado por una sociedad que impone el consumo como norma cultural por excelencia  y les ofrece cual espejos de colores a tantos corderos,  un par de llantas nikes, una campera adidas posta y un fierro de contracara.
Quiero destacar de la obra de Camilo la riqueza de recursos poéticos utilizada ya en sus primeros  poemas en el Instituto Agote,  como Siesta en el Agote (P.54)
“Abandono el hábito innecesario de todos los días para masturbarme con la fragancia a revista que tienen las estatuas de mujeres que viven dentro de mi pared”
…” cuatro botas se fuman un cigarrillo mirando el encierro desde debajo de una baldosa”
La capacidad de conjugar la materialidad capitalista con una sensibilidad que excede ampliamente lo que un sistema de producción puede imponernos y que  está marcada por una rebeldía esperanzadora. En Simplemente Sensaciones (p.82), escrito en el Penal de Ezeiza, aparecen las palabras  fragmentadas, como la propia vida de Camilo, enlazadas sólo a través del poder lúdico de la poesía:
“Nike, Adidas, Reebok
Chorros, rastreos, violines
Traslado, cansancio, dolor,
Sangre, rezo, esperanza”…
Camilo también cuenta con una riquísima prosa poética y descriptiva, de la que destaco Villas: La Vida en un mundo aparte o así se vive apartado del mundo (p.49)
“Las madres que lloran la muerte del hijo chorro en velorios propios y ajenos.
Más patadas que gambetas en el campeonato de fútbol, los domingos a la tarde. El aire intoxicado por el porro cortado que está vendiendo hoy la transa. Los evangelistas y sus gritos. Los perros persiguiendo las motos.
El guiso salvador al mediodía, el mismo guiso a la noche, lo que quede del guiso mañana”. 
Y volviendo a las coincidencias en la literatura, luego de leer un bello poema de Perlongher que nos ofreciera MEM en La Calle de la Luna, y de adentrarme en la musicalidad y musculatura de las palabras que propone este escritor, me topé con Fantasma Imperceptible (p.43), escrito por Camilo en el Sanchez Picado, ya muy cerquita de la libertad (valga esto también para su escritura).
…“amnesia del síntoma
tus miedos absueltos
deambulan eternos
alumbra el alambre
astillan el llanto
hechizo del cuelgue
bendice mi agua”…
Para concluir, es destacable que Camilo en su obra, al igual que muchos poetas, plantee qué es lo que debe hacer un poeta. Y en su qué-hacer, en el que quizás (o no) predomina la escritura por sobre otras praxis, plantea algo muy similar a lo que Dardo nos decía ya en su poema Declaración Jurada. Se escribe como se vive, prologó una vez un amigo escritor y tanto Dardo como Camilo engalanan  esta consigna:
“Porque todo antes de ser poesía debe pasar por mi corazón, darlo vuelta con el grito para arriba, colocarlo cara al alba, cara al cielo. Todo debe pasar por mi sangre, por mis huesos, por mi respiración, por el corazón de mi sangre.
Pues yo soy un poeta no un hacedor de versos bonitos. Yo soy un poeta que ama a los que no tienen amor ni pan, a los que se van sin haber llegado, a los que a veces sonríen, a los que a veces sueñan, a los que a veces les crece un fusil en las manos y salen a morir por la vida.
En suma: yo he sido, soy y seré un poeta revolucionario. Sobre mi tumba verán florecer un puño.”
Fragmento de Declaración Jurada de Dardo Dorronzoro.

“La voz del poeta tiene que ser la reunión de varias voces,
la explosión de todos los sonidos
la fragancia de muchas heridas abiertas
la aguja que la venda descose
la magia que convenza
de callarse a los vagones”

Fragmento de Ferrocarril Angustia de Camilo Blajaquis.

Mi amigo Lawrence

                                                                                                      por Lucía Rodríguez

Me hubiera gustado ser él. En marzo cumplió 94 años. Las biografías dicen que tuvo una infancia difícil, que estuvo en la segunda guerra mundial, que es pintor, poeta, traductor, y dramaturgo. Es un tano criado en Francia y Estados Unidos, que sabe de la tristeza y de la muerte pero tiene un canto en el corazón. Él se animó a editar “Aullido” y lo leyeron en su librerìa-editorial City Lights, en San Francisco. De los poetas beat es el de perfil más bajo, el único vivo; pareciera que prefiere ser un laburante y seguir en el día a día en vez de estar muerto en el podio.
Cuando siento que me estoy cayendo, le agarro la mano, entonces me quedo contemplando su obra, (como él se queda con este instante de vida salvaje), muda,  asombrada, enamorada. 



CAMAFEO DE VIDA SALVAJE, TEMPRANO DE MAÑANA por Lawrence  Ferlinghetti

Junto al gran río Deschutes
                           en la orilla cubierta de césped
          el sol golpeando
                           los altos acantilados
          riscos de piedra esculpidos
                                                alto y lejos
                                          al otro lado del río

Al pie de una abrupta pendiente marrón
                                             a una milla de distancia
           seis ciervos de cola blanca
cuatro machos jóvenes con cuernos bifurcados 
                      y dos pequeñas hembras
                                             enmudecen en la eternidad 
                                                               bebiendo el río

luego en tiempo real alzan las cabezas
          y suben cada vez más arriba
                                           un empinado tenue zig zag
                      a pleno sol

Los acerco con los binoculares
                                   como en un camafeo redondo
          Hay un agujero hueco en un árbol
                                                    por el que uno mira
          Uno por uno ellos
                                            beben silencio
          uno por uno
                trepan tan calmos
                              sobre el borde del cañón
          y sin mirar atrás
                                      desaparecen para siempre
Como cierta gente
                         en mi vida


Comentario a "Cosas que pasan" de Hernán D'Ambrosio




Elogio del Ocio
Por Maximiliano Sacristán


La aparición de la primera novela de Hernán viene a confirmarme la sensación que me rondaba desde que conozco a su autor: nadie más en esta ciudad podría narrar con tanta contundencia. Cualquiera pude verificar lo que afirmo con apenas hojear las primeras páginas de Cosas que pasan y repetir conmigo: «este muchacho es el mejor escritor rodriguense». Una trama ingeniosa, una narración siempre ágil, una ironía parejamente dosificada a lo largo de más de doscientas páginas, personajes que se paran nítidos desde el primer capítulo (¿cómo no enamorarse de la protagonista?), el cruce jugado de cultura posmoderna e intelectualidad (Nietzsche en diálogo con los Redonditos)… En fin, quiero decir: esta novela entretiene contando una historia, que es el objetivo primero y fundamental de la literatura. Toda la imaginación desbordante que Hernán despliega cuando charlamos se muestra en esta novela que es, lo repito, un acontecimiento para el ambiente local, puesto que textos con esta combinación de originalidad argumental y efectividad narrativa no se ven a menudo por aquí.

Hay un aspecto en el que me quisiera detener en esta breve columna de opinión, puesto que encierra el espíritu de la novela y tiene que ver con algo que esbocé más arriba: el humor que se esparce como un bálsamo por las páginas de Cosas que pasan no es inocente, ya que su autor se apropia de los códigos de la ficción para trazar una crítica mordaz a la sociedad en la que vivimos, y que me animo a definir como esencialmente utilitarista. Y es que este terceto de personajes principales (¡bendición!) no quiere ser útil a la sociedad, ellos no quieren tener poder ni usarlo, no les importa hacer plata, no; estos jóvenes sólo quieren adueñarse del mayor tiempo libre posible para ejercer su ocio creativo. Recuerdo a Inés, esa oficinista quien, crucificada a diario por la maquinaria de la burocracia, es la perfecta antítesis de Sonia, y el pasaje del libro que las cruza no deja lugar a dudas. Esta crítica que Hernán despliega al paradigma del perfecto burgués —ciudadano ocupado, responsable padre de familia, exitoso en sus negocios, en fin, útil—, aparece con fuerza en palabras de Federico cuando dice «Estamos haciendo tan mal las cosas que la desocupación es un mal y no un objetivo». Y luego agrega: «¿Cómo puede ser que necesitemos estar ocupados?». Detengámonos en la etimología de la palabra negocio (nec-otium): es la negación del ocio creativo, ese ocio que los griegos tanto apreciaban y que debían abandonar forzadamente para cumplir con sus obligaciones comerciales (sus negocios), para luego volver felices al tiempo en el que (aparentemente) no se hace nada. Y yo, experto en el arte de tirarme en la cama a mirar el cielorraso, mientras dejo vagar la mente, no puedo menos que sentirme identificado con esas palabras.
¡Bravo Hernán! Festejémoslo.


A publicarse en el semanario El Vecinal de Gral. Rodríguez.

Se consigue en librería Macondo, Av. España y Avellaneda, Gral. Rodríguez.


Sobre "Diario liberto" de Maximiliano Sacristán

Por Mariano Massone

Conocí a Maxi por intermedio de Mauro. Él me prestó su libro. Hoy lo abrí y lo empecé a leer, todavía no lo terminé, voy por la mitad. Es un diario inmenso, fragmentario, justo para leer salteado y de pasada en pasada. En estos tiempos ya no se pueden leer cosas largas, la época de los novelones de Dostoievsky ya pasó. Ahora lo conciso, rápido, se vuelve necesario. 
Lo mejor de Maxi es que no tiene consuelo: puede ir con quince jóvenes de un partido político a pintar paredes, pero sabe que la vida no está ahí, que siempre está en otra parte. Pasternak les decía a sus contemporáneos en un encuentro de la sociedad de escritores soviéticos: “¡No se organicen!”. Obviamente que cuando los burócratas escucharon ese grito desgarrador arriba del escenario lo bajaron de las orejas, por no decir, a los palazos. 
Maxi es de esos que no se organizan, que dejan que las arañas tejan sus sistemas sigilosamente. Él no posee sistemas, es una red de red y siempre, los que somos redes de redes, los que conectamos lo “inconectable” y desmedidamente somos vistos como gente fuera de su época, pero no por modernos sino por cavernícolas. “El futuro ya fue” decía Libertella, “El futuro llegó hace rato” decían Los Redondos. En esas frases se mantiene lo escrito por Sacristán.

Fragmentos de Diario Liberto:

“Memento 2
Una instantánea. Estar cruzando la llanura en tren, en verano, con el sol cayendo de frente, y de repente, por las ventanillas, una invasión de panaderos que llega desde el campo abierto. Quedan levitando dentro del vagón, ahí, mansitos, al alcance de la mano.

Quoti-dianus 2
Observo al gato desde mi cama, despatarrado como está entre las flores del patio, y noto que ambos nos esforzamos por el mismo cometido: atravesar esta mañana asfixiante de verano de la mejor manera posible. Sí; la fiaca nos hermana, aunque él cuenta con la ventaja de sentirlo sin tener que testimoniarlo.

Paisaje
Esta tarde tuve que cruzar una zona que esta ciudad exhibe con orgullo impúdico. Es un blanco que se expande como un cáncer, toma descampados, plazas, calles, casas. Se chupa la vida y a su paso deja la monotonía del paisaje industrial. Como en la película “The wall” un muro de concreto avanza devorándolo todo con el desenfreno del Progreso (para unos pocos). Hoy vi caños prendidos a las paredes como cicatrices, vi humo escupido de chimeneas descomunales, vi inmensos tanques de metal que brillaban con el sol del atardecer, vi obreros salir y entrar por los orificios de concreto. Y vi agentes controlando a los obreros, vi gerontes gerentes controlando a los agentes. No; definitivamente ésta no es la sheakespeareana leche de la bondad, éste es un veneno blanco que mata todo lo que encuentra a su paso.

Invisibilidad
De mañana. Limpio los rincones de esta pieza en la que vivo y descubro un sistema de telarañas entre las patas de los muebles. Silenciosas, ellas tendieron sus redes alrededor de mis pasos. Así me gustaría obrar, con el sigilo de las arañas."

Sobre "Poesía en forma de rosa" de Pasolini

Por Mariano Massone

Hay dos tipos de clásicos. El clásico universal, que se consagra en el canon y ese clásico más individual, que se consagra en la biblioteca de cada uno de nosotros. Este libro de poemas de Pasolini se me volvió un clásico rápidamente. Dos italianos marcaron mi primera juventud: Antonioni y Pier Paolo. A los dos los une el cine. ¿Cómo olvidarse de “Eclipse”? ¿Cómo olvidarse de “Apuntes para una Orestiada africana”? Pasolini, como Rimbaud, como Tsvietaeiva, son esos escritores que me persiguen. Yo no los busco, ellos me encuentran a mí. Cuando pensaba sobre qué libro escribir, Pier Paolo gritó desde su “Teorema”, desde su “Divina mimesis”. Si fuese italiano y si hubiese vivido en los 60´s Pasolini sería mi novio. Algo lo une también con Marcos. Él se fue a Italia unos años y sabe hablar muy bien el idioma vivo de los romanos. Cada vez que dice “siamo arrivati” me siento un poco que mi novio es Pier Paolo Pasolini.



Una desesperada Vitalidad- Pier Paolo Pasolini

I

(Primera redacción, en “cursus” del lenguaje “jergal”
corriente, del antecedente: Fiumicino, el viejo
castillo y una primera idea verdadera de muerte)

Como en una película de Godard: sólo
en un coche corriendo por las autopistas
del Neocapitalismo latino – de vuelta del aeropuerto-
(allí se ha quedado Moravia, puro entre sus maletas)
               sólo, “pilotando su Alfa Romeo”
                        en un sol, por celestial irreferible
                        en rimas no elegíacas
                      - el sol más bonito del año –
Como en una película de Godard:
                    bajo ese sol que se desangraba inmóvil
                    y único
          el canal del puerto de Fiumicino
          - una lancha de motor entrando inobservada
          - marineros napolitanos cubiertos de andrajos de lana
          - un accidente de tráfico, unos curiosos- pocos – alrededor…

- como en una película de Godard – redescubrimiento
del romanticismo en el seno
del cinismo neocapitalista, y crueldad –
al volante
por la carretera de Fiumicino,
y, de pronto, el castillo (qué dulce
misterio para el guionista francés,
en el turbado sol sin ocaso, secular,

este bestión papalino, almenado,
por encima de los setos y los liños
del desagradable campo de los campesinos ciervos)…

soy como un gato quemado vivo,
aplastado por las ruedas de un remolque,
ahorcado en una higuera por los chicos,

pero con seis vidas todavía,
por lo menos, de las siete,
como una culebra convertida en légamo de sangre,
una anguila mordisqueada

- bajo los ojos abatidos, las mejillas fosas,
los cabellos horriblemente ralos sobre el cráneo
los brazos escuálidos como los de un niño
- un gato que no muere, Belmondo
que “al volante de su Alfa Romeo”
 en la lógica del montaje narcisista
se separa del tiempo y en él se inserta
a Sí mismo.
En imágenes que nada tienen que ver
con el tedio de las horas alineadas…
con el lento brillar a muerte de la tarde…

La muerte no consiste
en no poder comunicar
sino en ser ya para siempre incomprendido.

Y este bestión papalino, no exento
de gracia – el recuerdo
de las rústicas concesiones patronales,
inocentes, en el fondo, como inocentes eran
las resignaciones de los siervos –
al sol que fue,
en los siglos,
en miles de mediodías,
aquí, huésped único.

Este bestión papalino, almenado
escondido entre álamos de marisma,
campos de sandías, tapias,

este bestión papalino blindado
por contrafuertes del dulce color naranja
de Roma, agrietados
como construcciones etruscas o romanas,

está para ser siempre incomprendido.